Como poner reglas, normas y límites

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¿Cómo poner reglas, normas y límites?

Muchos padres se quejan de la dificultad que tienen en poner reglas, normas y limites a sus hijos. Ya desde una temprana edad se pueden escuchar frases como: Mi hijo es desobediente, no quiere hacer los deberes ni recoger su cuarto o nos insiste en quedarse a ver la televisión hasta tarde para porque no quiere ir a dormir

Pocos niños hay que no hagan pataletas y quieran imponer su voluntad cuando se les obliga a hacer alguna cosa que no es de su agrado.

Aprender que cosas se pueden hacer y cuales no, forma parte del desarrollo de todos los niños .En este sentido, desde la primera infancia, es fundamental el papel que tienen los padres en el proceso de enseñar a interiorizar las normas y hacer respetar las reglas y no sobrepasar los limites.

 

¿Qué función tienen los límites?

 

A muchos padres les cuesta poner límites porque sienten que están coartando la libertad de sus hijos o bien piensan que les están perjudicando cuando les ven frustrados y enfurruñados por no haber logrado aquello que querían.

Sin embargo, los límites proporcionan seguridad, le ayudan a tener mayor autocontrol y aprenden a regular su propio comportamiento.

Las normas y límites proporcionan un marco estable en el niño que de esta manera sabe hasta donde puede llegar y como van a actuar sus padres en función de su comportamiento.

La ausencia de ellos, deviene en niños caprichosos e inseguros con dificultades para controlar su conducta y respetar a los adultos de referencia como son sus padres, otros familiares y a los maestros de la escuela.

 

¿Por qué es tan difícil poner límites?

Muchos padres manifiestan que tienen grandes dificultades para hacerse respetar ante sus hijos y que no saben muy bien como reconducir la situación cuando aparecen los enfados y rabietas.

Esto puede ser a causa de varios motivos:

Los padres se sienten culpables por el hecho de disponer poco tiempo para pasarlo con sus hijos:

Por eso, quieren compensarlo permitiéndoles sus caprichos además de poder disfrutar del poco rato que tienen en calma y tranquilidad.

Temor a ser rechazados:

Todos los padres quieren que sus hijos les quieran y temen poder perder ese cariño si les imponen demasiadas normas, les castigan por haberlas roto o si les niegan aquel capricho innecesario por el que tanto claman.

 Falta de acuerdo entre los padres:

El peor favor que se puede hacer una pareja es descalificarse el uno hacia el otro enfrente de sus hijos y no mostrar un criterio educativo consensuado entre los dos.Cuando existe una discrepancia, los niños son muy hábiles para sacar partido de ella y ya desde muy pronto saben a cual de los dos padres deben pedir una cosa o pueden hacer algo sin que se les castigue.

 Falta de paciencia:

Cuando surge un conflicto, lo normal es querer acabar con ello por la vía rápida y hacen acto de presencia los gritos o las amenazas que no hacen más que empeorar el problema. Ante la posibilidad de que la escalada vaya en aumento, muchos padres evitan imponerse y desisten por temor a que la cosa vaya a peor.

Ante estas situaciones de rebeldía, conviene pensar que la oposición a los padres es un hecho normal dentro del proceso de crecimiento de los niños.Por naturaleza, todos los niños intentan buscar donde están los límites a través de la desobediencia. Es en estos momentos, donde los padres tienen la oportunidad de demostrar consistencia y firmeza en sus palabras y actos. Si se actúa de forma poco consistente y se muestran dudas, la próxima ocasión será más difícil hacerse respetar.

 

¿Cómo hacerlo?

Cuide tanto sus palabras como su lenguaje corporal.

Tan importante es aquello que se dice, como la manera en que se dice.Aunque ante este tipo de situaciones es normal estar alterado, procure esconderlo. Muestre seguridad y firmeza en sus gestos, expresiones y palabras. Utilice un tono de voz neutro que no denote que está alterado/a.

Procure dar pocas instrucciones claras y concisas de una en una.

Tenga en cuenta que la mejor manera de que los niños capten y recuerden lo que queremos que hagan es dándole las consignas de forma clara. Si les damos demasiada información, es posible que no haga aquello que le hemos pedido, no por falta de voluntad, si no porque no lo ha entendido o simplemente lo ha olvidado.

Describa bien aquello que quiere, no haga referencias a categorías inespecíficas de comportamiento.

“Portarse bien” “No ser malo” no ayudan a que el niño identifique y pueda corregir aquello que se le esta pidiendo. Es mejor describir concretamente aquello que esperamos de ellos: “Tienes que estar sentado mientras estamos comiendo”.

Ofrecezca alternativas de respuesta.

Obviamente las dos alternativas le tienen que conducir a hacer aquello que nosotros deseamos. Creándole la ilusión de escoger, vencemos de manera más fácil su resistencia, ya que el niño cree que elige por si mismo o en todo caso no se le impone una condición directamente

Utilice menos el verbo “ser” y más el verbo “estar”

De esa forma no atacamos su autoestima y le mostramos la conducta correcta En lugar de decir “eres un desordenado”, es mejor decir “tú pupitre está desordenado”). Así, el niño no interpreta esto como si él tuviera una condición que forma parte de su forma de su personalidad. Cuando utilizamos el verbo “estar” nos referimos a estados que son transitorios y por lo tanto modificables.

Evite formular sus órdenes y peticiones en forma negativa.

Cuando utilizamos en exceso la palabra NO, en muchas ocasiones se consigue paradójicamente el efecto contrario, produciendo en los niños, más deseos de hacer lo contrario. Es mejor decir: “camina despacio” en lugar de “no corras”, o bien: “hablar en voz baja” en lugar de “no grites”.

Utilice menos el verbo “quiero”

Sustitúyalo por “es el momento de hacer…”, “es la hora de…” Es el momento de hacer la cama, es la hora de lavarse los dientes… De esta forma el niño percibirá menos que las cosas que debe hacer son fruto de la voluntad de los padres y lo aceptará más como parte de la rutina diaria.

Evite dar largas explicaciones sobre el porqué de las cosas o cuales son las consecuencias de sus acciones.

De igual forma que les demos las instrucciones, deberemos explicar las cosas de forma sencilla para que las entiendan.

 

 

Para terminar, recuerde que poner reglas, normas y límites no es un proceso fácil. Se requiere de mucha constancia, paciencia y saber estar en muchos momentos difíciles. Sin embargo, recuerde que un buen trabajo hecho hoy, tendrá su recompensa en el futuro.

 

 

 

 

Bernat Coll

Psicólogo Col.B-1751

administrador inffant.com

 

 

 

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